La tentación era titular que Raúl es infinito y el hecho es que detrás de una tonelada de filias y fobias, todo el mundo en un bando y los dos bandos en su trinchera, hay un futbolista de raza y corazón, un jugador integral del que es tan cierto que una vez fue más rápido como que siempre fue igual de digno, de futbolista. En partidos como este recordamos, y comprendemos, que hubo un tiempo en el que Real Madrid era más Real Madrid porque tenía en el campo a Raúl. El Schalke 04 no es el Real Madrid pero el Schalke 04 es más Schalke 04 porque tiene a Raúl.
Y el Schalke 04, y me froto los ojos mientras escribo, tiene las semifinales de la Champions a tiro de todo lo que no sea un descalabro catastrófico en su cubil de Gelsenkirchen, uno de los hogares más calientes (y más hermosos) de Europa. La combinación de resultados que le sirve es estruendosa, cosas de ganar fuera, de ganar por tres y de ganar marcando cinco goles. Tiene al Inter, actual campeón -hoy cuesta creerlo- contra las cuerdas, demolido y obligado a hacer lo que ni le gusta ni domina: atacar por su vida, jugar a la desesperada. El Inter ha sido desnudado por el Schalke, que le convirtió en un don nadie, en un equipo más y un equipo menos. Raúl le democratizó y le hizo uno más de los 34 equipos a los que ha marcado en Champions League. Y que le echen un galgo. O un par de ellos.
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